(8 / XI / 2017) Ante los jóvenes alumnos del Instituto Excelsior, profesores y personal auxiliar, además de amigos, vecinos y familiares, “Coco” Urbano contó su historia de vida, superación y lucha por la igualdad sin discriminación. 

El atleta en silla de ruedas, medalla de plata Olímpica y que hace pocos días culminó una impresionante travesía uniendo Las Cataratas del Iguazú con Mar del Plata, estuvo en el Instituto Excelsior, donde él estudió, en su Juan N. Fernández natal.

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El recibimiento de toda la institución fue impresionante, por el marco que le dieron los chicos, haciéndole un pasillo y viéndolo ingresar en medio de rotundos aplausos.

La emoción de “Coco” estuvo a flor de piel no sólo en el recibimiento, también durante toda la charla que fue interrumpida en varias oportunidades por aplausos cerrados.

Luego de dos vídeos, Aníbal, comenzó diciendo que el primer ejemplo de integración que él vivió y lo expresa en todas las ciudades del país y del mundo que estuvo “fue aquí, en este pueblo, en mi pueblo. Yo nunca me sentí discriminado. Todos me brindaban sus dones para que yo pudiera participar”, expresó.

Como ejemplo rotundo, recordó que, en su adolescencia, su compañero Armando Córdoba, lo bajaba a caballito al Puente Blanco para que no se perdiera el pícnic de primavera.

“También recuerdo a una compañera que, como yo tenía que cruzar la vía para llegar al colegio, ella me esperaba y me traía los libros”, dijo en un instante de mucha emoción.

“Por eso digo que yo aprendí la inclusión y la no discriminación aquí, en este pueblo. Yo fui feliz, éramos pobres, pero fui feliz. Recuerdo que el Rotary Club, en el que estaba el sr Mario Cravea, me pagaba la cuota del colegio y me daba los libros para que pudiera estudiar. Esos son ejemplos de integración que yo siempre llevo a todos lados donde voy”, dijo a la audiencia que lo volvió a aplaudir.

Ante la consulta de los alumnos referida a la última travesía, “Coco” explicó que cuenta con una silla de ruedas especial, hecha con una aleación metálica aeronáutica  y que se preparó durante dos años corriendo 60 kilómetros todos los días y haciendo una dieta especialmente diseñada.

Recordó que lo más duro y difícil fue el tramo en la Provincia de Misiones, por los accidentes geográficos. “Allí subía a 2 km/h y bajaba a 60 km/h. Pero todas eras subidas y bajadas, no había escaleras”, bromeó. Y sentenció: “Por eso digo que Misiones me dejó recorrerla pero a la Municipalidad y a muchos edificios públicos no puedo llegar porque no tienen rampas”.

En la extensa charla, donde los chicos le preguntaron sobre varios temas, “Coco” siempre dejó el mensaje de integración y que todos somos responsables de compartir nuestros dones.

En el final contó una anécdota que dejó a toda la concurrencia con la emoción a flor de piel: “Tuve un amigo que a los 15 años, por un accidente quedó afectado del cuello para abajo. Tenía clavos en sus articulaciones y peso para estirar sus brazos. Yo andaba en mi silla por los pasillos del hospital donde viví durante un tiempo y me llamó. Me pidió que le pusiera la almohada en la cara. Y le dije: -Che, dejate de joder, qué vas a hacer? –  Rascarme la nariz, me respondió. Y ahí me dijo una frase que nunca me la olvido y siempre que puedo la repito:

 – Quien pueda rascarse la nariz, no tiene derecho a quejarse –

Finalmente, los alumnos del colegio le regalaron un cuchillo fernandense, fabricado por José María Orejas y fue saludado por todos los presentes, además de sacarse un montón de fotos con quienes se lo pidieran.

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