Escribe: Ricardo J. Basualdo

(10 / XII / 2018) No fue un robo más, no fue un ilícito más, no fue hecho de inseguridad más, fue hecho que marca (o debiera marcar) un antes y un después en Juan N. Fernández.

Seguro que van a decir que en otros lugares ocurren episodios más dramáticos pero a mí no me importa porque yo vivo en Juan N. Fernández. Y aquí, hasta hace poco tiempo dejábamos las puertas abiertas, las bicicletas apoyadas en la pared y los autos con las llaves puestas.

Los delincuentes nos van ganando por goleada y lo más triste es que lo tomamos como algo natural y lo asumimos como normal. Enrejamos las casa, ponemos cámaras, alarmas, seguros y nos alegramos cuando nos roban pero no nos matan. ¿Dónde carajo estamos viviendo?

¡LE ROBARON A UNA LABURANTE IMPUNEMENTE! Se aprovecharon de una mujer que, desde hace años labura todo el día, de lunes a lunes y que hizo su clientela con el tiempo y su trabajo. Vive de eso y no le sobra absolutamente nada.

Es lamentable que tengamos que rescindir nuestra vida de pueblo tranquilo, familiar y campechano por otra que nos proponen los delincuentes a los que no les importa nada.

Y mientras los Jueces sigan dejando en libertad a los que agarra la Policía, tendremos de estos episodios y más graves, por mucho tiempo o quizás por siempre.

Sepan que hay que cuidarse muchos más y sobre todo cuidarnos entre todos. Avisemos cuando vemos forasteros, usemos la ventaja de conocernos todos. Cambiemos nuestras costumbres y tomemos las precauciones necesarias. Sepan, vecinos de Juan N. Fernández que ya no es lo mismo, que nos han robado el alma de pueblo.

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