(25 / I / 2018) Hace tres años dejaron (parcialmente) el ruido de Buenos Aires para encarar lo que hoy es una realidad: 1 ha de huerta productiva orgánica.

Marcos Bragadini, uno de los propietarios es nacido en Claraz y adquirió esta parcela de 4 has con el fin de instalarse…….algún día. Junto a su cuñado, ambos con trabajos en la capital del país, empezaron a darle forma y buscarle la vuelta para que esa tranquilidad, esa paz se pueda transformar en un medio de vida.

“No fue fácil”, cuentan. Vídeos de Youtube, reuniones con gente del INTA y muchas visitas a quienes ellos consideran como los reyes de las huertas: los nativos bolivianos que “se las saben todas”, dicen.

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“Por ahora no es rentable, no podemos vivir de esto, pero lo será dentro de uno o dos años más. Yo lo elegí como medio de vida. Dejo el banco y me vengo todos los meses tres o cuatro días a trabajar y desenchufarme”, cuenta Alejandro Rivero, bancario.

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La huerta está tecnificada porque sólo Marcos y Alejandro trabajan en ella. En esta época de verano se levantan a las 4.00 de la mañana, para las 5.00 ya están trabajando en los invernaderos y cuando el calor aprieta, dejan hasta la tardecita.

El riego está programado por una computadora que abre determinadas veces al día y un sensor que lo suspende cuando llueve.

Tienen cultivos a campo y en invernadero, de los cuales, en estos primeros tres años han ido aprendiendo de equivocaciones cometidas.

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Un clarence y un porteño con un emprendimiento que da gusto verlo y más aún, saborear esas verduras frescas y cultivadas de manera natural y orgánica. Y queda en Claraz, Partido de Necochea, Provincia de Buenos Aires.

Esta es la historia contada por sus protagonistas:

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