(2 / III / 2020) Todavía no eran las 8.00 de la mañana. El sol ya pegaba fuerte y los corazones vestidos con guardapolvos blancos latían fuerte.

La noche se había hecho corta o muy larga depende de quién pudo dormir bien o no. Las familias dejaron la ropa lista el domingo a la noche.

La mochila, que se viene preparando y revisando desde hace días, la noche anterior se volvió a revisar de nuevo. Siempre hay algún cuaderno que puede ir en otro lugar y una carpeta ubicada de otra manera.

El resto del año no importa pero hoy las zapatillas deben estar impecables, no se usaron para jugar a la pelota esperando este día.

Las calles se pintaron de blanco y el caminar de las familias hacia las escuelas hizo de esta mañana una mañana particular.

Los guardapolvos blancos de las 13.00 se confundieron con los guardapolvos a cuadritos. Los abuelos se apuran a sacarse la foto y el «No corras que transpirás para la foto» se escuchó en varias ocasiones.

Los salones que permanecieron en absoluto silencio durante algunos meses, hoy recuperaron el bullicio, los juegos y las sonrisas cómplices de encontrarse de nuevo después de las vacaciones.

Hoy es el verdadero día del maestro, el más importante para esos docentes que van a encontrarse por primera vez con un grupo de esponjas que asimilarán todo lo que se les enseñe y debe hacerse bien.

Hoy no es un día cualquiera. Hoy comienzan las clases y MI PUEBLO y todos los pueblos y ciudades de mi país deben celebrarlo.

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