(31 / VIII / 2018) El domingo se jugará una nueva edición del clásico Defensores-Deportivo.

Sabemos que no es un partido más. Se roba todas las miradas…propias y extrañas. Ambos llegan con realidades distintas. Pero poco importan los antecedentes previos. Este encuentro es especial por donde se lo mire.

Estos partidos se juegan con el alma. Un acierto es la gloria…un error la desazón. Es demostrar quien se hace más fuerte en los 90 minutos. Es el que todos quieren ganar. Y otorga un clima extraordinario en la previa, durante y después.

Es el famoso folclore del fútbol, gastadas que van y vienen. Eso es lo lindo de este deporte. Y todos tenemos algún gol guardado en el fondo del alma, un partido que recordamos por un hecho puntual, que en estas instancias aparecen en la memoria. Y se vuelve a sentir la misma alegría que en su momento.

Es importante darle un valor significativo sobre lo que representa que nuestros pibes (y no tanto) puedan desarrollarse en un deporte que los mantiene saludables y posibilita que se generen ciertos vínculos. Más en los tiempos que corren si es que hablamos económicamente.

Cuesta muchísimo salir a la cancha. Y los clubes se sostienen por el aporte del hincha y el trabajo que desarrollan las Comisiones Directivas. Que les aseguro, es mucho.

No hay día ni horario para poner el hombro. Restando horas a la familia y los afectos. Y todo movilizados por el amor a estos colores. Y en ese aspecto no hay diferencias. Porque el amor que se siente es el mismo. Es inflar el pecho de orgullo. Es sentir que se te eriza la piel. Es sentimiento genuino. Es regocijo para el alma verlos cada fin de semana. A los pequeños que hacen sus primeras armas y sienten tanta pasión. Otros ya consolidados y los eternos referentes que siguen dando pelea. Y así vivimos el fútbol la gente de pueblo. Muchas veces soportando fallos injustos, casi de la misma forma como ocurre con el equipo poderoso de Capital y los del Interior. Pero con un amor que no conoce límites, hinchas de unos colores no de un resultado.

Para destacar, el rol que cumplen estas instituciones en la parte social de ambas localidades. No se concibe la vida de estos pueblos sin ellas. Son sinónimos. Son pueblo.

Disfrutemos de este partido. Y que gane el que haga méritos suficientes, sabemos que todo puede ocurrir. 90 minutos con las pulsaciones a full, movilizados por el amor hacia la camiseta. Y tengamos bien presente que somos rivales, no enemigos.

Que sea una fiesta, pues en definitiva el fútbol es eso.

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