(28 / IX / 2018)  No son ninguna novedad los cambios existentes en la sociedad hoy en día. La desazón y el desánimo nos ganan por goleada. Ni hablar si le sumamos la falta de valores que llaman poderosamente la atención.

No hay respeto por la vida propia; en consecuencia es una utopía que exista por el otro, por las instituciones. Personas que pasan por alto el esfuerzo y el trabajo de una comunidad que posibilita el crecimiento de la misma. Parece que cada uno cuida su quintita, cuesta ponerse en los zapatos del otro.

Se ha perdido la capacidad de mirar alrededor. El egoísmo, la envidia, la falta de empatía son, en parte, los causales de la realidad que hoy vivimos. Si a esto le agregamos los problemas que atraviesa nuestro país todo se torna cuesta arriba.

Esta situación trae consigo un clima de enojo permanente, de tolerancia cero, imposible mantener un diálogo sin discutir. Se hace mas difícil avanzar hacia los objetivos planteados. La economía juega en contra. Cuesta llegar a fin de mes. Billeteras flacas y caras largas; está claro que el dinero no hace la felicidad pero cómo ayuda… Y el clima de enfado es mas palpable en las cosas cotidianas: en el tránsito, en la cola del banco, en el mercadito de la esquina, en el barrio. Hay gente que ni los buenos días dice. La cordialidad? Bien, gracias.

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Los esfuerzos son cada vez mayores y de verdad que cuesta mantener una casa, cubrir las necesidades básicas se ha transformado en una misión imposible. Ni hablar si hay chicos en la familia. Y miramos los sueldos de nuestros políticos más todo lo que nos han robado y es una tremenda burla. Y debemos salir cada día con la cabeza en alto a ponerle el pecho a las balas. Así y todo están los que salen a enfrentar la realidad con una sonrisa. Seres a los que la vida ha golpeado y tienen bien en claro que tan solo somos instantes, que disfrutan cada momento como si fuese el último. Buscando en la cotidianidad cosas que los hacen felices.

Será tiempo de esperar a que se aquieten las aguas, que hoy parecen taparnos y ser un poquito más humanos, buscar superarse ante la adversidad y volver a esos valores que hoy están perdidos. Solo es cuestión de proponérselo, pensar en el otro sin juzgar tanto. Dándole la importancia que ciertos temas merecen. Nada es el fin del mundo…salvo la muerte, todo tiene solución.

Es cierto que se necesitan buenas acciones para cambiar, y seguir escribiendo esta historia para no caer en el olvido. Cada uno desde el lugar que elija pero sobre todo lo que hace falta es amor. Poner el alma en todo lo que se haga. Asumir compromisos y fundamentalmente dejar de mirarse el ombligo. Sin dudas que si se logra todo eso la realidad sería distinta.

Hay que dejar las tibiezas de lado y no dejar nunca de soñar. Hasta nos han convertido en conformistas. Tengo esto…no avanzo más. No debemos permitir que también nos roben la capacidad de proyectar, de tener ilusiones. Ahí sí que estaremos perdidos… y sin chances de revertir el resultado.

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