(28 / XI / 2016) «La puntualidad esta estrechamente relacionada con lealtad y confiabilidad. Llegar tarde puede relacionarse con desinterés, apatía, pereza y procastinación».Sterling W. Sill.

Me reía cuando un director técnico de fútbol, hace ya muchos años, citaba a sus jugadores «de 2 para 2 y media»; ó «de 4 y media para 5». La explicación era para que sepan que el tope horario fuera la hora final, porque si les decía a las 2, terminaban de llegar 2 y media y si les decía a las 4 y media, terminaban de llegar a las 5.

En ese entonces me resignaba a creer que no se podía fijar un horario para comenzar un evento, una actividad o un espectáculo y cumplirlo. Pero ¿saben una cosa? hoy, por hoy, no. No se puede. Ese director técnico y su costumbre, hoy, tiene más vigencia que nunca en su proceder, en todas las organizaciones que se hagan, al menos en Juan N. Fernández.

Nunca, jamás, ninguna vez, de ninguna manera, de ningún modo se empieza algo puntual en nuestra localidad. ¿Está bien? Estoy convencido que no. Pero la realidad me dice que el equivocado soy yo.

Todo lo que se organiza, se programa para cierta hora, porque hasta media o una hora más tarde la gente no llega. Pero sucede que la gente no llega porque nunca empieza a la hora que dicen. Y así es el círculo vicioso en el que estamos.

Es notable ver a alumnos de cualquier escuela, o establecimiento o academia llegar al lugar citado, con su familia, entre 15 o 20 minutos tarde. Y al público también. Sólo unos pocos son los que siempre llegan a horario y siempre son los que quedan esperando la impuntualidad de las diferentes organizaciones.

No entiendo cual es el inconveniente de ser puntuales, todos. Los que tienen que llegar media hora antes, que lleguen y a la hora señalada se comienza con el evento. Esté quien esté. Una vez que esto se practique algunas veces, se podrá romper ese círculo vicioso y dejar de faltar el respeto a los que acuden en forma puntual al lugar. Porque les guste o no, es una falta de respeto citar a alguien a una hora y comenzar media o una hora más tarde.

Y esto no es privativo de alguna organización o institución en particular es una pandemia que tenemos y lo más lamentable que ya está instalada y asumida como tal y no se ve voluntad en nadie de intentar revertirla.

Permítanme una utopía: Que cada institución imponga como condición de organización la puntualidad. Que cada familia empiece a prepararse para llegar con sus hijos media hora antes para llegar a horario. Que las autoridades estén presentes quince minutos antes para afinar los detalles. No tiene nada de imposible de cumplir todo esto pero llevado a la realidad más que una utopía parece un imposible.

                                    Ricardo J. Basualdo

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