(11 / II / 2020) La gente de mi pueblo es así de sencilla. No necesita de grandes y ampulosas mesas con mantel blanco. Tampoco de salmón rosado y caviar para disfrutara de un almuerzo.

La sombra de una planta es suficiente para ubicar una mesa y un rinconcito es apropiado para prender el chulengo.

Con eso disfruta mi gente y les aseguro que somos muy felices con ese rito.

Son las 12.00 del medio día y el carbón ya está prendido. Los «fierros» calientes hicieron crujir la carne fría y el humo con el olor de esa carne ya invade la esquina de la Calle 26 y 41 (ingreso a Juan N. Fernández por el kilómetro 85 de la Ruta 86)

Miguel Larrosa es un especialista en estos temas y en su local allí ubicado se apresta a agasajar a los parroquianos con ese asadito, pan y, si alguno quiere, una ensalada mixta.

Nada de extravagancias, cero de excentricidades. Mucho de sencillez y ganas de pasar un rato con buena gente, a la sombra de una planta y al lado de la parrilla.

Después….. como dice el tango….. «qué importa del después».

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