(3 / X / 2016) «Dios me puso en ese lugar, a esa hora y lo que tenía que decirle a ese chico», dijo el fernandense Mauricio Cravea al referirse al momento de salvarle la vida a un joven de 21 años que se quería tirar del Puente Colgante.

Mauricio venía cruzando el Puente Colgante el domingo a las 2.30 de la mañana y jamás pensó en encontrarse en una situación así.

«Vi al chico caminando por el puente y de pronto lo vi más alto. Eso me llamó la atención y me di cuenta de lo que estaba pasando», comenzó contando Mauricio Cravea, quien autorizó a esta narración pero no quiso grabar porque «no quiero darle otra connotación».

En momentos en que la indiferencia hace que la gente prefiera no meterse en nada, Mauricio no dudó en detener su auto y acercarse al joven que estaba sentado, en la baranda, con sus pies hacia el río.

Cuando lo consultamos acerca si había gente con el chico o mirando o intentando alguna cosa, contó algo que nos refleja como sociedad: «estaban filmando».

Mauricio se acercó despacio al joven quien estaba muy angustiado y simplemente le dijo, para comenzar un diálogo que se mantuvo por varios minutos: «Hijo, no vengo a hacerte nada y ni a meterme en tu decisión».

El joven dejó que se acercara pero siempre manteniendo su postura hacia el río. Sólo decía: «La cagué, la cagué con mi novia, la cagué con mi familia». Como respuesta a esa angustia y tratando de contenerlo Mauricio Cravea le expresó que Dios nos pone muchas veces en caminos difíciles pero que también nos brinda su mano para tomarla.

«No sé cuanto tiempo estuvimos hablando. Lo tenía muy cerca y tengo el recuerdo de algo que jamás me detuve a mirarlo, de lo alto que es el puente y lo feo que es mirar el agua desde arriba y de esa posición y peor aún en esos momentos», dijo Cravea.

Continuando con el relato y dejando en la intimidad todo lo que hablaron con el joven, Mauricio recordó que la situación casi termina mal porque el chico estaba sacado y angustiado. En un momento cuando comienza a inclinar el cuerpo hacia adelante, hacia el agua, lo golpeó con el brazo, a la altura del cuello, hacia el puente y lo abrazó en el piso.

«Ahí llegó la policía, los bomberos que yo no me había dado cuenta que estaban, habían cortado la calle y se hicieron cargo de la situación», expresó Cravea.

Al quedarse solo, después de unas horas de haber pasado por eso, llega la reflexión y el análisis. «Me quedo con la alegría que Dios me puso en ese lugar y me guió en todo lo que tenía que hacer. La droga, hoy, es terrible el mal que hace. Hay nenes de 18, 19 , 20 años que se suicidan por nada. A mi me queda la alegría que por lo menos, a uno salvé. Me quedo con eso».

Sencillo, contundente, determinado y solidario hasta la médula. Es fernandense y nos enorgullece que así sea.

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