(5 / II / 2021) Néstor Horacio «Quico» Fuhr es un apicultor que tiene muchos años de trabajo en el ramo.

Ha pasado épocas desde muy malas a muy buenas, como todo lo que es producción en nuestro país pero siempre ha privilegiado el trabajo, la superación, las nuevas técnicas, las nuevas normas, etc.

Hoy estamos a las puertas de una buena cosecha de miel producto de la buena calidad y cantidad de girasol que tenemos en la zona, entre otros aspectos.

Pero, hace unos días, encontró una colmena, prácticamente entera, con sus abejas muertas. Miles de abejas esparcidas en el suelo, al lado de los cajones, muestran la consecuencia de algo perfectamente evitable.

Esto sucede cuando, en algún lote cercano (la abeja recolecta hasta un kilómetro y medio de su colmena) fumigan, sin avisar al propietario de las colmenas. Si avisan, el apicultor, tapa los cajones y la abeja no sale. Termina la fumigación, las destapa y todo solucionado.

¿Se hace con mala intención? Seguro que no. Pero, desde el desconocimiento, se comente un gran perjuicio a un productor apícola, que la lucha durante todo el año y justamente, en esta época, espera la recompensa.

«No vengo a culpar a nadie ni a entrar en discusión con nadie – dice Néstor Fuhr –  sólo quiero, ya que son mis últimos años de trabajo, dejar algo positivo para todos».

Con un mapa rural del Partido de Necochea, señaló de qué manera muy sencilla se podría señalar los lugares donde cada apicultor tiene sus colmenas, dejar un número telefónico y entregarlo a cada uno de los aplicadores de insecticidas para el agro. De esta manera con sólo un llamado avisando que se va a fumigar en ese sector, el apicultor tomará las medidas adecuadas para evitar una injusta mortandad.

«Esto se hace en muchos lados, en Tres Arroyos, inclusive y da buen resultado», señaló Fuhr.

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nestor fuhr

 

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