Escribe: Matilde Diaz

(24 / VIII / 2020) La historia que se repite. Una vez más nuestro club fue blanco de la delincuencia. Digo club pero todos sentimos que entraron a robar a nuestro segundo hogar.

Hoy miembros de la comisión fueron a realizar trabajos en la cancha de Deportivo y se encontraron con el faltante de algunos sanitarios. (Mochila y duchas en el vestuario de árbitros e inodoro completo del baño del sector lindero a los vestuarios).

Es difícil poner en palabras lo que se siente porque es mucha la impotencia. Y es raro separar la razón del corazón. Porque sé del sacrificio que se hace para que la institución esté en óptimas condiciones. Y más en estas épocas de pandemia, en la que los ingresos son casi nulos. Y ahí está la comisión que no ha parado de trabajar en este tiempo, con las medidas sanitarias acordes a los tiempos en los que vivimos.

Desazón, bronca y resignación. Porque sabemos que el que anda en este lado malo de la vida muy pocas veces logra recuperarse. Les gusta el dinero fácil. Y ahí aparece otro tema. El que compra cosas robadas es tan o más chorro que el comete el ilícito.

Pasan por alto el esfuerzo, las horas que se le quita a la familia, movilizados simplemente por el amor a los colores. Porque todo lo que se hace es a pulmón.

Mi solidaridad para con toda la gente de mi club. Y sé de la impotencia, la rabia que da que no valoren en lo más mínimo todo el trabajo. Porque está claro el rol que cumple un club en la vida social de estos pueblos. Pero a estos delincuentes no les importa. Se ríen en nuestra cara. Y siguen y van seguir como lo han hecho toda la vida. Así se manejan. Así son.

Tristeza porque una vez más mancharon al fútbol. Robaron nuestra casa. Y eso es imperdonable

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