(7 / IX / 2019) Apenas recibido de Veterinario, Balbino Andrés Martínez,  con 24 años, llegó a Juan N. Fernández donde no había nadie que ejerciera esa profesión. Toda una aventura personal y profesional.

Los ganaderos se arreglaban como podían, con sus experiencias de campo y cuando se complicaban demasiado y los costos daban para traer un médico veterinario, lo hacían de la región, como por ejemplo, de Barker.

El Dr. Balbino, como siempre se lo conoció en Juan N. Fernández, nació un 14 de Enero de 1939, en Tandil, donde también hizo sus estudios primarios y secundarios, en el Colegio San José.

Sus estudios universitarios los realizó en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires donde se recibió, con 24 años, en el mes de Enero de 1963.

Allí comenzó a escribir su historia en Juan N. Fernández. Una historia de trabajo, de participación intensa en la sociedad fernandense, siempre con una educación y respeto sobresalientes que lo distinguieron durante su largo paso (más de 40 años) por nuestra localidad.

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Primero se tuvo ganar la confianza de los ganaderos, tarea que le costó, porque, en esas épocas, siempre se habían arreglado solos.

En la nota que le hice en el semanario “El Sendero”, publicada el 8 de Julio de 2006, con motivo de su retiro después de 40 años de trabajo, reconoció que, recién después que lo vieron hacer una cesárea a una vaca y se salvaron ella y su ternero, sintieron que podían confiar en él.

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Dueño de un bajo perfil pero de fuertes determinaciones, se instaló, primero, en un local frente a la Plaza Independencia que le alquilaba a la familia Lorino. Allí estuvo 13 años hasta que compró una parte de lo que fue la Casa Prados (35 entre 28 y 30) y allí se instaló con su Veterinaria “El Jagüel”, hasta que cesó su actividad y la vendió a su colega Giustozzi quien continúa con el mismo nombre.

La participación en entidades intermedias de nuestra sociedad fue una cabal muestra de su amor por Juan N. Fernández y tratar que el progreso llegue a la localidad para que no quede aislada.

Fue socio fundador de la Cooperativa de Agua Potable y de la Antena Comunitaria, entidad que lo tuvo como activo participante de su Consejo de Administración hasta que se fue a vivir a Mar del Plata.

Participó también de la Comisión Directiva del Club Fernandense, en la época dorada de esa institución. También lo hizo, mientras existió, en el Rotary Club, Cooperativa Eléctrica y en distintas comisiones cooperadoras de las escuelas que fueron sus 4 hijos.

“Siempre voy a estar agradecido a Fernández – dijo en la nota de El Sendero – porque aquí pude trabajar, casarme, tener y criar a mis 4 hijos y poder jugar con ellos en la vereda y eso no es poca cosa”.

Dicho por los propios propietarios de haciendas y clientes del Dr. Balbino: “Si vos lo llamabas, nunca te decía que no. Siempre llegaba, no importaba el horario o las condiciones del tiempo. Nunca tuvo un trato desmerecedor o de enojo. Además de ser un excelente profesional siempre demostró ser una mejor persona”.

La prolijidad, además del respeto, fueron cualidades inalienables del Dr, Balbino. Podía llegar con su mameluco todo embadurnado del campo luego de una cesárea u otra operación, pero después, de su veterinaria, salía impecable.

Hago hincapié en el respeto porque fue una persona que inspiraba, demostraba y otorgaba respeto. Cuando hablaba en una reunión, se lo escuchaba con atención y sus criterios y opiniones siempre quedaban registradas.

El Dr. Balbino hoy, con sus jóvenes 80 años, reside en Mar Del Plata rodeado de su hermosa y numerosa familia.

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En Juan N. Fernández, cuando su nombre sale a relucir, no es raro escuchar (sin desmerecer a nadie y textual) “de esos ya no vienen más”.

Balbino Andrés Martínez, médico Veterinario, único en su época en esta zona dejó su huella digna de ser imitada y recordada. SI SEÑORES, YO LO VÍ.

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