(3 / IV / 2017) La foto de “El Sendero”  resiste, aún amarillenta y dañada por el tiempo, es el documento, de su protagonista, de lo que sucedió una noche en el playón deportivo del Club Defensores, hace 10 años.

En ese momento (año 2008) escribía para el diario regional loberense y era corresponsal de LU 24. Estaba siguiendo el desarrollo del campeonato nocturno de verano que organizaba el Club Defensores.

Esa noche jugaba uno de los candidatos, “El Amanecer”, compuesto mayoritariamente por los muchachos de la familia Massón, que terminó siendo el campeón.

El partido fue áspero, cortado y lo ganaba El Amanecer por 4 a 0. La crónica de El Sendero dice: “los jugadores protestaban por todo, pidiendo faltas, tarjetas amarillas y quejándose por todo”.

Era la segunda mitad y el equipo ganador realiza un cambio, ingresa Ezequiel Massón y aquí comienza la historia.

Ezequiel tenía 18 años y junto a sus tíos y primos armaron el equipo en el cual siempre rotaban la formación. Este partido Ezequiel estaba en el banco.

Cuando le tocó entrar, rápidamente se encontró con esos roces y reclamos que eran lo normal del encuentro.

En el fragor del partido, Ezequiel toma el balón a la altura de la media cancha, encuentra el espacio al arco y saca un remate fuerte, rasante y……. que pasa al lado del palo, afuera.

Pero no! La pelota estaba adentro del arco y el árbitro, Penna, de Necochea, estaba marcando el gol. La gente gritaba el gol. Los compañeros lo abrazaban por ese golazo y lo contrarios agachaban la cabeza porque era el 5 a 0 en contra.

Ezequiel no entendía nada porque él sabía que no había sido gol. La pelota rebotó afuera y entró por un agujero que tenía la red.

No lo pensó. Levantó su mano y con el índice les decía a todos que no. A la gente que gritaba su gol le hacía señas que no. Les decía que no a sus compañeros que lo felicitaban y le decían: “callate que lo cobró”.

“No, no fue gol”, aseguraba Ezequiel a todos. Los que estábamos ahí y que éramos y seguimos siendo futboleros, no lo podíamos creer. ¿Está negando el gol?, nos preguntábamos.

El árbitro lo tuvo que mirar varias veces. Los contrarios no decían nada, porque tampoco lo creían. Ezequiel no dudó nunca: no había sido gol y no debía cobrarse.

Penna, se desdijo de su fallo y marcó el saque de arco. El partido seguía 4 a 0.

Los que hemos jugado al fútbol amateur hemos aprendido de nuestros ídolos que cuanta más ventaja se pueda sacar, mejor y si es anti deportiva, da igual. Eso nos enseñan los profesionales.

Hacernos los doloridos para que nos cobren una falta. Reclamar por todo. Hacer faltas para ganar la pelota y muchas cosas más. Y ese partido no era la excepción. Así juegan “los grandes”, así jugamos en los potreros o en estos torneos de pueblos.

Por eso rescatamos este gesto de Ezequiel Massón que no tiene antecedentes ni se ha vuelto a repetir en nuestro fútbol (al menos que tengamos conocimiento). Eso es fair play y en Juan N. Fernández, este jugador, le hizo honor al juego leal, no quiso que le cobraran un gol indebido. Si señores, yo lo vi.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

6 + 8 =