(29 / V / 2018) Es una historia simple, sin grandilocuencias ni estrellatos. Es una historia de un sueño que no se cumplió pero que muchos recordamos con gran cariño.

En su momento los admirábamos porque teníamos el mismo ideal que ellos: que llegaran a los grandes escenarios y trascendieran a la fama.

En los años ’70 cuatro jovencitos, que admiraban a The Beatles se propusieron formar una banda (en esa época se decía: conjunto). Lo que tenían era entusiasmo que contagiaban y se esmeraban ensayando varios días a la semana.

“Madera Tallada” se formó con Adolfo “El Vasco” Raggio en guitarra y voz, Mauricio Ibáñez, también en guitarra y voz. Carlos Rochet en bajo y Julián Augusto Rochet en batería. Estuvo a punto de ingresar con un teclado (órgano, en esa época) Oscar “El Flaco” Trinchero, pero no pudo.

Con sus 15 y 16 años, verlos con sus guitarras eléctricas (revolucionarias en ese momento) despertaban la admiración, sobre todo, de los más chicos que, cuando los escuchábamos ensayar, suspendíamos el picado y nos sentábamos en la esquina de la estación de servicio (37 y 22).

Para nosotros eran los Beatles fernandenses. Cantaban en inglés y en castellano. Sus ensayos eran actuaciones gratis de la que participábamos todos.

Ensayaban en varios lugares: arriba de la estación de servicio Raggio (hoy Arrate), en lo de Méndez (tíos de Mauricio Ibáñez), también en la Iglesia, donde tenían el permiso del Párroco de entonces, José Segura. A veces lo hacían en la casa de la familia Rochet y en la casa de Cristina Tierno.

“El Vasco” y Mauricio eran los que dirigían por ser los que genuinamente tenían conocimientos musicales. Los hermanos Rochet iban “haciendo camino al andar”. Fueron a tomar clases a Necochea.

Los instrumentos, muy caros en esos momentos y raros, por cierto, los compraron en Buenos Aires, en “Antigua Casa Núñez”.

Parte de sus ensayos consistían en escuchar “Sonido ‘70”, un programa de radio que sólo pasaba música “moderna” y es posible que, de ese programa haya salido el nombre de “Madera Tallada”.

Luego de tantos ensayos pudieron plasmar su única actuación en el Club Fernandense en un evento que organizó el Instituto Excelsior.

Luego de esta formación, siguieron un tiempito más como un trío compuesto por “El Vasco” Raggio, Eduardo “Marciano” Magno y “El Vasco” Cebrian.

No es una narración de grandes artistas, es de un sueño de un grupo de jóvenes que no se cumplió pero que seguro más de uno la estará recordando con mucho cariño. Si no, se la estoy contando. Se llamaban “Madera Tallada” y forman parte de nuestra historia. No tenga dudas. Si Señores, yo lo vi.

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