(30 / VIII / 2019) Esta profesión de comunicador (no quiero decir Periodista porque no lo soy), cuando se torna una pasión por informar con hechos, verdad y prontitud, suele tornarse un tanto peligrosa. Y si se pretende cubrir los hechos en vivo, depende la noticia, un tanto más.

Transcurría el verano de 2005, el pueblo y toda la región, con alcance nacional, estaba conmocionado por el crimen del productor agropecuario Carlos Stemphelet.

Las investigaciones apuntaban a dos personas que serían los autores materiales del robo y asesinato y un tercero, que sería un remisero, quien los habría llevado al campo donde ocurrió este aberrante crimen.

En ese entonces mi trabajo era el de corresponsal de LU 24, Radio Tres Arroyos. Tenía un espacio a las 17.15 de Lunes a Viernes, pero me «daban aire» cuando la noticia era importante o urgente, en cualquier horario.

Todos los medios estábamos expectantes de lo que ocurría y de lo que podía ocurrir.

Una de esas tardes en que se realizaban distintas diligencias en casi todo el Distrito, me entero que era inminente un allanamiento en Claraz. La policía tenía el dato, aparentemente muy bueno, que en una casa de esa localidad, estaba  el remisero.

Estaba solo en casa, así que escribí una nota para avisar que me iba a Claraz a cubrir un allanamiento. Tomé el grabador, el teléfono celular (analógico y con poca señal en aquella zona) y salí.

En el viaje avisé a la radio y me dijeron que llamara cuando quisiera que me daban salida. Todo estaba arreglado, menos mi experiencia que era nula y lo único que me llevaba a ese procedimiento eran las ganas de informar minuto a minuto, en vivo, el allanamiento y la posibilidad de relatar una importante detención.

Llegué y los policías que me conocían me miraron con sombro. Pararon los móviles y autos particulares a una cuadra de la vivienda. En pocos minutos coordinaron la entrada a la casa y avanzaron con rapidez.

La casa era casi una quinta, de ladrillos viejos, mucho monte alrededor. Un patio muy grande. Atrás había una caja de camión cerrada, apoyada en cuatro tambores y un cerco de plantas rodeaba los límites y escondía un galpón chico que nunca vi, hasta que dijeron que la persona buscada podía estar allí y yo estaba a dos metros de la puerta.

A unos 10 metros del frente de la vivienda había un Fiat Duna parado. Cuando la policía entró raudamente al lugar, algunos corriendo y otros en camioneta, todos con armas largas, yo corrí y me metí debajo del auto. Tenía plena visión de los acontecimientos.

Los policías entraban por la puerta y las ventanas abiertas a los golpes, al grito de «policía, policía», apuntando con sus armas y alumbrando con potentes linternas porque ya entraba la noche.

Miro mi teléfono y me daba apenas una rayita de señal y a veces 2. Llamo a la radio y por esas curiosidades de la tecnología, logro comunicarme.

Tirado debajo del auto logro informar en vivo el procedimiento con toda la expectativa que pudieran encontrar a la persona que buscaban.

En la casa no estaba. Allí encontraron un pasamontañas similar a los usados en el crimen y otros elementos que posteriormente fueron periciados.

Luego de registrar la casa, los uniformados se desplegaron para mirar en el monte y dos de ellos se fueron a la caja del camión. Uno quedó apuntando a dos metros y otro abrió la puerta. Nada.

Mientras yo estaba por mi tercera salida en vivo transmitiendo todas las alternativas, los policías dieron una gran vuelta y cuando quise acordar habían rodeado el auto que me resguardaba y miraban hacia atrás. Cuando me doy vuelta veo el galponcito de chapa, cerrado y escucho que dicen: «Seguro está ahí adentro».

Para que se entienda mi situación que me asustó bastante, estaba el frente del galpón, a dos metros el Fiat Duna (yo abajo) y todos los policías atrás, apuntando con las armas largas hacia el galpón.

No me podía mover para ningún lado. No sabía si los uniformados sabían que yo estaba ahí y tampoco sabía si el presunto delincuente estaba observando o me había observado.

Fueron 5 minutos muy tensos en donde debo haber perdido 3 kilos en transpiración. Dieron la voz para que se entregue y entraron al recinto y, no sé si por suerte o no, allí no había nadie.

A las 21.00 dieron por finalizado el operativo con resultado negativo en cuanto a la persona pero hallaron varios elementos que podían ayudar en la investigación.

Pasada esa hora, ya en la esquina, abajo de una luz, pasé mi último informe por la radio y me sorprendió que allí se habían juntado ocho o diez jóvenes con la radio en la mano, escuchando LU 24.

Hoy digo que no lo volvería hacer. Lo pienso y considero que fui bastante imprudente lo que hice, también después me lo dijo un policía.

Esa tarde / noche la localidad de Claraz y toda la región, a través de LU 24, Radio Tres Arroyos, vivió un allanamiento en un domicilio donde podría estar un presunto delincuente peligroso. SI SEÑORES, YO LO VI.

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