(6 / I / 2021) Uno de los tantos personajes que ha tenida la historia de nuestro pueblo fue, sin dudas, Jorge Bairuktary, EL CHURRERO.

Los que peinan canas, como quien suscribe, tenemos el recuerdo de conocerlo siendo chicos. Los que son un poco mayores, seguro, tendrán recuerdos más frescos, más firmes y también, alguna foto.

La que vemos, cedida gentilmente por la sra. Gladys Royo (Muchísimas gracias), se lo ve en la década del ’40, cuando vendía golosinas en el Cine Victoria. Quien suscribe lo recuerda ya casi en su ancianidad.

Griego de nacimiento quién sabe cómo fue que vino a parar a Juan N. Fernández dejando mucha familia en su Grecia natal.

Hablaba correctamente nuestro idioma con algún acento lógico de aquellas latitudes. Lo recuerdo de pelo y barba blanca, gruesos lentes, con su cajón de madera colgado de su cuello repleto de golosinas. La humildad y sencillez de su persona se apreciaba con sólo verlo.

Su trabajo consistía en vender todo tipo de golosinas en eventos públicos. Los partidos de Defensores y Barracas eran sus favoritos.

Los que éramos (y somos) de Defensores lo escuchábamos pregonar en nuestro sector de la cancha:

“Menta, pastilla, turrone, hoy gana Defensore”.

Dicen que en el otro sector hacía una rima similar pero donde ganaba Barracas. Era su trabajo, debía vender y todos les comprábamos. En esa época no se necesitaba llevar golosinas a la cancha. ¿Para qué? Si estaba “EL CHURRERO”.

Con sólo verlo, con su caja de golosinas, era un recreo para nosotros. Parco, pero amable y muy respetuoso.

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(Fotos cedida por la sra. Mirta Lazarte, ahijada de Don Jorge)

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Como era conocido de todos, mi padre lo conoció muy bien y supimos que añoraba muchísimo a su familia, hijos inclusive, allá en Grecia y hacía muchos años que sabía de ellos sólo por algunas cartas recibidas.

Cada tanto se acercaba a la Oficina de Teléfonos para intentar una comunicación a Grecia que nunca llegaba a concretarse. Horas esperando sentado hasta que cancelaba su pedido.

Recuerdo muy claramente que una ocasión ese pedido de comunicación tenía muchísimas oportunidades de darse. En esa época se podía pedir, muy excepcionalmente, una recomendación y tratamiento especial a los pedidos de llamadas cuando tenían un motivo de urgencia. Seguramente habrá sido algo por el estilo porque toda la familia telefónica (mis padres y quienes trabajaban allí) estábamos pendiente de la comunicación con Grecia de “EL CHURRERO” con su familia, solicitada con un par de días de anticipación.

Llegó la hora pautada y Jorge Bairuktary estaba sentado, al lado de una de las cabinas telefónicas, 15 minutos antes. Los minutos pasaban y todos aumentábamos nuestra ansiedad. No puedo imaginarme a don Jorge como estaría.

En un momento dado llegó lo que durante años no se había dado. “Jorge, pase por la cabina 2, que le van a comunicar con Grecia”, dijo el operador de turno.

El viejo Jorge más apurado que de costumbre, caminó esos 4 ó 5 pasos hasta la cabina, cerró la puerta y levantó el teléfono.

La operadora internacional les informa, a la persona de Grecia y al de Juan N. Fernández, que estaban en comunicación: “hablen”, pronunció en los dos idiomas.

Del otro lado atendieron en idioma griego, supongo, pero esta comunicación tan esperada, tan añorada y que nos tuvo con tanta expectativa, no se dio. “EL CHURRERO” se puso a llorar de la emoción al escuchar lo que era la voz de su hijo y no pudo hablar, hasta que se cortó la comunicación.

Recuerdo que luego le contó a mi padre que el llanto no lo dejó hablar pero que pudo escuchar, después de muchos años, esa voz tan añorada

Su trabajo continuó, las calles de Juan N. Fernández lo siguieron viendo con su andar achacoso pero seguro.

Las canchas de Barracas y Defensores siguieron teniéndolo como una figura más del espectáculo hasta que su cajón quedó vació de “menta, pastilla y turrone” y partió hacia algún lugar más cerca de sus seres tan queridos.

El Churrero, un personaje indiscutido, muy apreciado que tuvo las calles de Juan N. Fernández y que desde esta columna intentamos que no se pierda y que perdure en la historia. SI SEÑORES, YO LO VI.

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