Década del ’60, televisión blanco y negro. De control remoto, ni hablar. En Juan N. Fernández veíamos los canales 8 y 10 de Mar del Plata.

Algunos programas esperados por las familias de todo el país fue el de Roberto Galán: SI LO SABE CANTE.

Las conducciones de Galán como la de tantos maestros de esa época, fueron icónicas. Hoy ya son un mito de la televisión porque rompieron moldes e hicieron los propios.

Nosotros los veíamos tipo medio día, alrededor de las 13.00, si no me falla la memoria. El programa era una mezcla de talentos de la canción (ahí audicionaron Nito Mestre y Charly García, por ejemplo) con gente que no tenía oído ni para tocar el timbre y sólo quería sus 2 minutos de fama.

Justamente en ese punto estuvo el talento enorme que tuvo el señor Roberto Galán para amalgamar y llevar adelante por tantos años un entretenimiento sano y familiar.

Eran otras épocas, no había muchos entretenimientos, igualmente los números de rating a los que supo llegar parecen ficción: 65 puntos.

Además de productor, fundador de la Sociedad Argentina de Locutores, fue secretario de Perón.

Con toda su fama, los poquitos minutos que compartí con él y siendo muy chico, me quedó el recuerdo de una persona muy sencilla.

Las tribunas llenas, gente haciendo cola por más de una cuadra porque se grababan dos programas, el estudio del viejo Canal 11 era un bullicio total donde todos los que estaban atrás de las cámaras andaban apurados y a los gritos.

Como por arte de magia apareció galán, petisón, como siempre impecable con su traje negro a rayas, camisa blanca, corbata oscura con alfiler dorado. Se me paralizó el corazón.

-¿Qué tenemos de premios para hoy?- fue la primera pregunta que tiró a su gente.

Las secretarias ya estaban listas, sentadas a un costado. Después de algunos minutos el estudio se despejó, galán se repasó el pelo y cuando quise acordar, empezó el programa.

No recuerdo por qué fui a parar atrás de una de las dos gigantografías que había en el estudio. Si no me equivoco era la foto de Palito Ortega. Allí había un perchero con ropa, unas toallas, cuatro sillas y algunas cosas más.

Yo escuchaba el programa pero no lo veía, así que me asomé por un costado. Cuando quise acordar tenía a un tipo atrás mío retándome, que saliera de ahí, a los gritos, porque estaba saliendo en cámara.

Después de algunos minutos hubo un corte en la grabación y apareció, atrás de la gigantografía, ROBERTO GALÁN.

– Hola pibe – me dijo, se sentó en una de las sillas y se sacó los zapatos que, según dijo, le apretaban mucho.

Allí charló con sus colaboradores que se le acercaron, tomó agua, se calzó sus zapatos, se repasó su peinado y al salir me volvió a hablar: «suerte pibe».

Una nena que cantaba tangos, un dúo que intentó catar un rock, una mujer mayor que cantó una balada, fueron algunos de los que pasaron por ese programa.

Recién de grande tomé dimensión que, por unos pocos minutos, pude interactuar con uno de los grandes,  GRANDES que tuvo la conducción en nuestro país.

ROBERTO GALÁN y su «Si lo sabe Cante», SI SEÑORES, YO LO VI.

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